Grupo Asobe: El MISTERIO DEL BOSQUE.

viernes, 22 de febrero de 2008

El MISTERIO DEL BOSQUE.


La niebla que el camino contenía, impedía que pudiera ver más allá. Intenté cruzarlo y seguir caminando, pero temía a tropezarme con algo que no quería junto a mí. El sendero era estrecho, pero largo. Yo caminaba cautelosa y entrecerraba los ojos constantemente porque el frío me azotaba la cara, y la espesura de la niebla me invadía. Ni si quiera me permitía ver mi mano, por no ver, no veía nada; tan sólo el blanco del paisaje; que era todo lo que había alrededor. Me senté confusa y asustada en medio del camino porque el miedo y la niebla me impedían avanzar, y me quedé atascada de pie sin saber que hacer.
Fue una tarde horrenda; todavía recuerdo cómo mis piernas temblaban al son de los pájaros que yo me imaginaba, ya que hasta la fauna había salido corriendo años atrás, cuando el bosque se hubo vuelto tenebroso. Estaba vacía, parecía no tener vida, incluso dudaba de si yo había muerto ya.

Apagada y con la llama de la vida a punto de extinguirse, una fuerza mayor s apoderó de mí. No recuerdo que fue ni cómo sucedió, pero por algún milagro, la niebla del camino se fue desvaneciendo poco a poco. “Menos mal” pensé “Ya ha pasado todo…” Pero por desgracia para mí, no acababa de empezar.



La tarde se había consumido cuando me volví a levantar del suelo; y sin darme cuenta, el espeso negro de la noche me envolvía. A pesar de que ésta no vino acompañada de Luna siquiera, ni estrellas, una luz misteriosa proyectaba las sobras espeluznantes de los árboles secos y sin hojas. Me perseguían allá a donde yo fuese mientras yo caminaba rápido para esquivarlas; pero sin éxito, me vi atrapada en su inacabable persecución. Por más que corría, nunca divisaba la frontera de aquel bosque, parecía infinito… Fue entonces cuando, en medio de aquella oscura noche, una silueta abstracta se opuso en mi camino. Difusa allá a lo lejos, sabía que me contemplaba y me miraba. La sensación nerviosa de saber que me vigilaba me asustó aún más. Como me acordé un poco de mi locura, decidí que aquello no era real y seguí caminando. Me acercaba más y más a la figura, y cada vez veía más su siniestra cara. Ambigua. Aquella era la palabra que la describía. Yo sentí su mirada compadeciéndose de mí, supongo que sentía lástima. Me miraba como diciendo: “pobre niña, que perdida está… si hubiera alguna idea de dónde se encuentra…” Y desapareció.

De aquello hace ya mucho tiempo, y aquí sigo: atrapada en el frío bosque del misterio.
Por las mañanas sigo sin poder ver, y por las noches los árboles siguen proyectando sus mismas sombras; aunque ya no les temo. Por eso, decidí dormir de día y funcionar en la noche. Sé que la figura que vi me persigue, la he contemplado muchas veces más por el sendero, se cruza conmigo. También sé que es mi ángel protector, que se apiada de mí y me protege de los peligros que se ocultan bajo este intenso terreno de árboles.
Yo sigo caminando, y camino, y camino. Sé que mi andar será infinito, porque el sendero es infinito. Ya no tengo miedo de la noche, ni si quiera de la niebla; ahora temo a encontrarme algún día el fin de mi viaje.

1 comentarios:

Matthew dijo...

Interesante texto buena narración la niebla siempre es un buen recurso para establecer el sentimiento de confusión. TU personaje atrapada en un bosque confundieno si esta vida o muerte fue presa de la oscuridad y fue obligada a vagar en las sombras, que antes temia pero ahora ya no, debido a que forma parte de dichas sombras del bosque.

Saludos cordiales

buen texto.

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