Grupo Asobe: ¿Mar salado?

domingo, 23 de marzo de 2008

¿Mar salado?

Las vistas eran hermosas: allá en el horizonte se divisaba el ocaso, que parecía nacer del vientre de la calma del mar, y el leve susurro de la brisa hacía que las olas tuvieran su propio lenguaje; misterioso para aquellos hombres que la han querido estudiar.
El pequeño Robert andaba con su padre en el barco. El calor del verano se impregnaba en su piel, y de su pequeña frente caían gotas de sudor.
-Papá, tengo sed.- dijo con voz melosa, y su padre le acarició la coronilla mientras le decía:
-Hijo, será porque no hay agua por aquí – y rió contento.-Vayamos a meter el cubo y a sacar algo de agua.
El hijo sonrió modestamente.
-Gracias.
John, su padre, le devolvió la sonrisa y, seguidamente metió el pequeño cubo de madera que estaba agarrado por una soga del asa, al mar, y lo sacó con cuidado para que su hijo bebiese.
Nunca hubo un agua mejor, tan dulce y fresca. El pequeño Robert bebió con ansias, y volvió a meter el cubo una segunda vez para beber más.
John y Robert eran marineros que siempre estaban viajando, comerciantes de sal. La exportaban desde las salinas de Alicante, y las importaban por todos lados: desde el mundo oriental, hasta el occidental.
Eran famosos; todos habían oído hablar de la compañía “John y Robert” y también eran muy solicitados. Tan famoso eran sus nombres, que un día, llegaron hasta oídos de la reina May, que gobernaba una pequeña isla de Oceanía.
-¿Viste, Robert?- dijo el padre contento- tenemos trabajos reales.
Pues la reina les había encargado que le trajeran quilos y quilos de sal, porque iba a hacer un banquete, (el más grande de la historia) y necesitaba quilos de sal para que sus cocineros particulares prepararan los mejores platos y para ello necesitaba de la mejor sal.
-Pero, su majestad, no necesita tantos quilos de sal para ellos; sino, su comida quedará salada.- le dijo el marinero cuando escuchó la cantidad de toneladas de sal que debía exportar.
-Quiero tener sal para toda la vida, y no tener que ir pidiendo más, así la guardaré en la despensa de la cocina y jamás me faltará. – añadió May algo molesta y enojada- Ahora ve. Espero tu llegada.

John y Robert se encaminaron de nuevo hacia el puerto de Alicante; desde allí cargarían con la mercancía e intentarían llegar con toda ella hasta la pequeña isla que May gobernaba.
-Papá, es demasiada cantidad- dijo el pequeño Robert- No cabe en el barco, y si lo hacemos, no llegaremos a tiempo al banquete. El barco no puede llevar peso de más.
El padre suspiró y agachó la cabeza.
-Pero hijo, es la reina May, y hay que hacer lo que ella ordene, ¿Acaso no sabes lo que ha hecho con otros hombres que la desobedecieron? Ahora mismo están criando malvas.
Y allá que zarparon con aquellas infinitas toneladas de sal en su barco. La sal rebosaba; si antes sólo navegaban con ella en la bodega, ahora tenían hasta en sus pequeños camarotes. ¡Hasta el pequeño Robert llevaba sal en su gorrito de marinero!
Fue una noche de tormenta cuando todos sus planes comenzaron a torcerse.
El viento sopló y sopló, y el del cielo comenzó a caer inmensas gotas de agua, se escucharon truenos, y se vieron relámpagos. El barco se tambaleaba de aquí para allá. Tanto hijo como padre, intentaron hacer lo posible para que el barco siguiera su curso y , pero una ola (la más grande que vieron en toda su vida), rompió el barco en dos, y se sumergió en la profundidad del mar. Por suerte, el pequeño Robert y su padre John no murieron. Fueron arrastrados por la corriente hasta amanecer en una playa. Aunque el resto de sus vidas tuvieron que vivir escondidos, no fuera que la malvada May les encontrase y condenase a una muerte segura.

Pero aquello no fue todo, cuando la reina May amaneció, esperó ansiosa la llegada de ambos. Pero éstos no aparecieron por ningún sitio. Enojada, se acercó hasta el puerto y preguntó a todos los marineros que habían por allí, pero sólo obtenía respuestas negativas.
Para calmarse, decidió darse un baño en el agua dulce del mar. Pero… ¡OH! ¿Qué era aquello que notaba? Sus ojos le picaban, su piel parecía estar embadurnada de algo que no sabía lo que era, el mar entero parecía diferente. Tomó con las manos algo de agua para beber y probarla, aunque la escupió en seguida: estaba salada.
Asustada, May salió del agua sin comprender nada.
A partir de aquel día, la gente comprobó que el mar se había vuelto salado y algo verde.
En cuanto a el pequeño Robert y John, viven en aquella isla, comprobando cómo la sal había invadido el mar.
Y aquí está el mar salado. Lo que nadie sabe es el secreto de por qué a la gente suele gustar y suele ser inspiración para muchos escritores y artistas, incluso porqué suele ser un sitio romántico, y es porque una vez, hace mucho tiempo, tuvo su dulzura…

Laura Marínez

8 comentarios:

TauRiTuS dijo...

Buena historia, de mar dulce a mar salado? claro el hijo tomo agua de mar, no creo que haya sido salada. ¿O no?

Al principio imagine que podria desencadenar en otros finales, pero termino en una especie de historia mitologica sobre las sales del mar,

¿Habrá sido linda May? o^^.

También me gustó mucho la relación Padre - hijo, al principio imagine a Robert como un niño de no mas de 7 años, pero luego el padre tambien lucia con inocencia infantil, y el hijo mayor o más fuerte que el padre, fue ambigua la relación padre-hijo muy tierna e ingenua entre ellos ¿o nada que ver, y soy muy imaginativo? xD.

bueno, saludos.

Andrés

Matthew dijo...

me encanto la historia tambíen la senti como una especia de mitologia griega...interesante como tu planteas al final que muchas personas se inspiran en el aroma a sal del mar para escribir y plantearse el origen de esa caracteristicas... las relaciones entre padre e hijo tienen un caracter bastante especial de complicidad a lo largo de las historia que me da para pensar y darle quizas mas de una vuelta

saludos cordiales

Ignacio Castro Calderón dijo...

Me lo tome por el aspecto meterologico, que el mar se va hacer mas salado; si hay un filtro para sal, para hacer agua dulce; así aumentaría el calor del mar, mayor concentracion de sal. Así produciría. Fenomenos atmosfericos como los Huracanes.
Todo por el beneficio de la humanidad.

Desorganizada dijo...

Buena historia me lo lei todo xD!

Lau dijo...

jajaja taurituss me gusta como puede relacionar las cosas... yo escribo sin símbolos escondidos algunos... lo del apdre e hijo me vino a la cabeza así...

y may, si, me la imagino realmente linda...

Mefistófeles dijo...

Me gusta la historia...Unas respuestas sencillas,claras para algo tan complejo e imponente.
El mar dulce...Creo que es así aún, aunque ahora la sal lo haya atacado.

Buen texto

Saludos

EteAN! dijo...

simplemente bueno, me gusta mucho como escribes Lau, de manera clara y sencilla.

Es simple pero bello, como son las cosas bellas.

Un abraxo!

Miguel Pazos dijo...

Claro que se imagina a May linda, tanto como la autora o más

Un abrazo

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