Grupo Asobe: Una estrella

domingo, 2 de marzo de 2008

Una estrella

Todas las noches de verano cuando el cielo estaba despejado, me gustaba salir a la terraza de mi casa y sentado en una hamaca, contemplar las estrellas. Las miraba con detenimiento y, poco a poco, las fui conociendo a todas. Y soñaba con viajar a lo más lejano de las galaxias para poder estar junto a ellas. Porque según una leyenda escandinava, las almas buenas cuando mueren se convierten en estrellas y brillan allá en el firmamento por toda la eternidad.

Pero una noche noté que faltaba una de ellas. Era una estrella pequeña, pero que tenía un brillo especial que me extasiaba: angustiado la busqué por todo el cielo pero no la encontraba. ¿Dónde estaría?

Desanimado me levanté y, al mirar al exterior de la terraza, vi una luz que brillaba en el suelo, sobre el césped.

Rápidamente baje las escaleras y me encaminé hacia donde provenía el destello de luz. Y al legar allí, nervioso, descubrí que era la estrella que buscaba, que se había caído del cielo.

Me la llevé a casa, ¿Díos mío que bonita era! y la coloqué en la terraza. Me volví a sentar maravillado por la hermosa luz que la estrella desprendía. Pero enseguida me di cuenta que de la estrella caían, como gotas de resplandor hacia el suelo. Estaba llorando y entonces comprendí que no era feliz allí, que su sitio estaba en el cielo.

Cogí la estrella y comencé a caminar rumbo al monte, era muy de noche y hacía frío. Por el camino tropecé y me caí varias veces y las piernas me sangraban del roce con las zarzas. Por fin llegué exhausto a la cima del monte más alto que encontré y, con las fuerzas que me quedaban, lancé la estrella hacia el cielo. Observé como subía hasta que mis ojos la perdieron.

Y ahora todas las noches volví a ver a mi estrella, la más bonita y la que mejor brilla en el firmamento. Y esa estrella, me dijo que se llamaba Zalien y que jamás me olvidaría.

Pero me encontraba muy cansado, como si el esfuerzo para lanzar la estrella al cielo hubiese consumido todas mis energías. Y un día sentí como me rompía por dentro y vi que mi espíritu, alejándose de mi cuerpo, subía hacia el cielo....

Cuando llegó el doctor encontró mi cuerpo, inmóvil, tumbado en la hamaca, con la vista mirando hacia el cielo, con una expresión serena.

Y desde aquel día hay dos estrellas que brillan juntas en el firmamento para toda la eternidad...

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4 comentarios:

Lau dijo...

Bonita historia... Dos almas separadas por una larga ditancia, se atraen, pero al mismo tiempo, si se juntan, se mueren, porque ya ves; la estrella al caer a la tierra dejó de ser estrella, y l humano, al subir al cielo, dejó de ser humano para convertirse en estrella...

Aunque quizás el segundo cambio fuese mejor, ya sí brillar las dos almas juntas...

Laura

Intoxicada.* dijo...

Que Linda historia :)
Ambas almas devían estar unidas por siempre & ser estrellas por toda la eternidad

Mefistófeles dijo...

Me gusta el "realismo mágico".
Te hace sentir diferente y apacible.
Es como la historia de unión de los Payachatas.
Buen texto.

Saludos

Johannes Itten dijo...

"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya."

"El Principito"

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