Grupo Asobe: 768 Suspiros, más los que quedan por contar...

viernes, 29 de febrero de 2008

768 Suspiros, más los que quedan por contar...

EL apetito desvaneció en un momento. Yo contemplaba a mis padres, todavía con los ojos lacrimosos, y me fijaba en cómo agachaban la cabeza y suspiraban a la vez. Ya iban 768 suspiros, los había contado todos desde que empezamos la discusión. Los contemplaba a ambos con decepción. ¿Ahora qué sería de mí? ¿Tendría que ser Carolconsuelos intentando que todo se arreglase? Yo suspiré y lo sumé a la cantidad que tenía acumulada de suspiros… Todos habíamos llorado; ni si quiera mi padre esta vez se abstuvo de ello. Nunca me imaginé un panorama así.
Estábamos todos sentados en la mesa dispuestos a comer, cuando los dos estallaron y me contaron lo que sucedía. Una situación confusa y vergonzosa para mí. Supongo que esperaban una contestación u opinión mía, pero es que no sabía qué decir. Sé que mi madre estaría pensando que la odiaba, y sé que mi padre estaría pensando que odiaba a mi madre y que me compadecía de él. Pues bien, estaban equivocados, los compadecía a los dos; y por supuesto, no odiaba a mi madre, sólo me preguntaba porqué lo hizo. Estaba entre la espada y la pared, ¿se suponía que tenía que elegir, que tendría que verificar que uno de los dos llevaba razón? No estaba dispuesta a elegir entre ellos, y, aunque decepcionada por ambos, me dolía mucho esta situación, porque siempre había dicho que podía presumir del amor de mis padres: tierno, sincero e infinito. Por lo que vi, me equivoqué.

Yo veía a mi hija remover los espaguetis en el plato mientras las lágrimas se le caían por su carita redonda. ¿Qué podría estar pensando? Me preguntaba avergonzado porque había llorado delante de ella; pero es que ya no sabía a quién recurrir. Tenía que contárselo todo antes de que yo explotase por dentro.
Todavía no sabe lo que en estos momentos aún puedo sentir. Hacía tiempo que no era feliz, que mi trabajo se había vuelto insoportable, y añoraba tiempos atrás…
Soy un blandengue, un hombre caído en las manos del amor, y que éste, traidor, me apuñaló por la espalda. Cuando me enteré de que mi mujer se entregaba en el lecho de otro hombre, me sentí insignificante. ¿De verdad había estado tan al descuido de ella, que ya ni siquiera me amaba? Imaginarla haciendo el amor con otra persona que no fuese yo me mataba por dentro. Yo ya me lo olía de hacía varios meses, pero jamás imaginé tal atrocidad por su parte… y es que nadie me comprende… ¿Acaso he amado mal? Yo creo que he sido el hombre que más la amado en toda su vida. Yo morí por ella, muero por ella y moriré por ella… jamás la dejaré de amar haga lo que me haga. Y la vuelvo a imaginar cómo me engañaba; cómo, en un hotel de lujo, pasaba las noches con otro hombre quizá más guapo que yo. ¿Qué puede pensar todo esto mi hija ahora que lo sabe? Sólo espero que para ella si haya sido buen padre y haya podido ver todo el cariño que le tengo…


Yo había sido la que más había llorado. Me siento cutre, rastrera, una lagartija arrastrándose por medio del desierto y que se siente pisoteada por sus seres queridos. Puede que no se lo crean, pero los quiero, tanto a mi hija como a mi marido. Lo que pasa es que no han sabido apreciar la opresión dentro de mi cuerpo desde hacía varios años. Recuerdo que el amor entre nosotros se fue apagando poco a poco, porque parecía que él ya no tenía tiempo para mí.
Puede que haya dejado de amarlo, no estoy segura… Pero lo último que quería hacer era dañarle… Me siento una persona mala, una pecadora que ha cometido adulterio durante los últimos nueve meses… Y cómo disfruté junto al otro… Me hacía sentir libre, hacía que olvidara todos los problemas que habían en casa… Pero ahora, que ya no lo voy a volver a ver en mi vida, quiero que todo esto se solucione, que mi marido me de una oportunidad, y que mi hija no me odie. Porque seguro que lo hace.
Dios mío… dame fuerzas, no puedo soportar la presión de ser odiada por el propio fruto de mi vientre… ¡Lo siento, de verdad! No quise hacerlo…
En aquel momento embarazoso, sentados en la mesa, se me hizo una situación algo tensa porque le habíamos contado a nuestra hija Carol lo que nos pasaba. No quiero imaginar lo que ahora pensaría de mí. Y, sin saber qué hacer y decir, tras la discusión recogí los platos y los iba metiendo al lavavajillas, él se levantó llorando de la mesa y se fue a fumar un cigarrillo al balcón, y Carol se encerró en el baño, supongo que para asimilar todo lo que ahora sabía y poder llorar tranquila. Yo, quien fui la mala y causante de todo aquello, me puse a limpiar la cocina. Supongo que fue uno de los pequeños castigos, entre otros muchos peores que todavía me quedan por realizar.
Laura Martínez.

12 comentarios:

Pau dijo...

Bravo, Bravo, Bravísimo!!!!

•°¤*(£AURA)*¤°• dijo...

muy buen escrito, podría ser perfectamente el capitulo de un bestseller... y supongo que tendra que pagar por tanto dolor... pq la vida y la naturaleza no perdonan los errores... sigue escribiendo así! Un saludo

Alejandra dijo...

Ahora si...
Me gustó tu relato, 3 miradas para una misma situación.
Claro q con algunas frases del último párrafo no concuerdo del todo. Las relaciones se construyen y destruyen de a 2.
Saludos

Johannes Itten dijo...

El pequeño placer de la culpa...

Mefistófeles dijo...

Me imagino que los suspiros que quedan por contar son como el tortuoso aliento de la vida. Ser culpable, sentenciado y vaciado de todo signo de "pureza".
Pero es más allá.
No es el engaño simplemente.
Quizás hay veces que el amor se encuentra tan vacuo, estirado y alargado, que se esfuma con facilidad.
¿Cómo lo podremos atrapar?
¿Cuál es el costo?
Buen escrito, un tema interesante.

Saludos y Abrazos

Matthew dijo...

Un verdadero aporte en cuento a tecnicas literarias empleadas..lo mas interesante si dramatizaramos tu texto los personajes quizas harian pocos movimientos, debido a que la accion ocurre dentro de cada una de sus mentes.

Un buen retrato del conciente de tres personas sin saber que decir frente a un tema tan desastros que atenta contra la familia

saludos cordiales
me encanto

Jaime Daniel dijo...

Es interesante como retratas una realidad que se palpa muy seguido en nuestra sociedad actual. El poco tiempo que el hombre le dedica a su esposa debido a las exigencias del trabajo y como ella siente que se va extinguiendo aquel amor que habían forjado.

A pesar de todo pienso que ella le sigue amando, pero sobre todo ama a su hija porque a pesar de no tener claros sus sentimientos respecto al esposo... esta dispuesta a hacer el sacrificio para no seguirla dañando.

*GeRi* dijo...

Un fuerte aplauso a tu escrito, siempre me dejas encantada.

"No somos nadie para juzgar.
El perdón es la mejor virtud,
nos hace grandes!!"

victoria lisperguer dijo...

excelente escrito, me imagino a los personajes sentados en la mesa sin decir nada... en un ambiente donde la tensión se siente mas pesada a cada momento que pasa.
como ya dijo alguien en uno de los post, la culpa es un pequeño placer

Miguel Pazos dijo...

Bravo!!!!! Vaya pedazo de relato!!! Es el que más me gusta hasta el momento. Bravo!!!! Te admiro, yo te propondría para el Nobel. ¡Bravo!

Intoxicada.* dijo...

Me gusto mucho tu relato ya que contiene los pensamientos & culpas de cada uno de los integrantes, por ello cada uno muestra su punto de vista.
Creo que la culpa es de ambos (marido & mujer) El, al no darse cuenta de que su relación era una rutina & que se apagaba lentamente...& Ella al no ser capaz de contenerse ante el placer de la culpa.

Saludos.

TauRiTuS dijo...

E X C E L E N T E!

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