Grupo Asobe: ¿JUGAMOS?

jueves, 17 de julio de 2008

¿JUGAMOS?

Tan sólo le gustaba jugar, nada más.
Muy a menudo se dirigía hasta el parque de la plaza Crowds y, sentado en uno de los estropeados bancos, contemplaba su alrededor para observar si se hallaban miradas de madres acusadoras. Cuando se aseguraba de que ningún ojo escéptico cavilaba por su entorno, se volvía a profundizar en una búsqueda totalmente diferente: la próxima niña con la que jugar.
“¡Perfecto!”, pensó mientras se levantaba del banco y se disponía a acercarse hasta la niñita morena de coletas que se columpiaba con algo de dificultad.
-¿Te ayudo?- le preguntó. Ella asintió con la cabeza, entonces él se posó detrás de ella y comenzó a propulsarle diminutos empujones con pos de que el columpio se balanceara con más fuerza.
Él esperaba alguna que otra risita inocente, pero la niña se mantuvo callada en todo momento.
-Estás muy seria-alegó, pero ella tan sólo se encogió de hombros.
Los lazos rojos caían desde sus coletas hasta sus hombros. Su faldita gris a cuadros le tapaba hasta sus diminutas rodillas, y su blusa blanca apenas le resguardaba de aquel frío otoñal. Parecía apagada y consumida; no era como las demás niñas que saltaban a la comba, que se deslizaban por el tobogán o que simplemente jugaban en la arena.
Él no sabía qué hacer. Le apetecía jugar, pero si ella no se mostraba interesada, tendría que buscar alternativas.
-¿Y tu mamá?- preguntó, y la niña se encogió de hombros.
Entonces él dejó de columpiarla y dio un pequeño rodeo se puso en frente de ella, y se bajó de cuclillas para estar a su altura.
-¿Te apetece jugar a algo?
-Mamá dice que no debo hablar con extraños…
Él le sonrió a la vez que le acariciaba la mejilla.
-Soy Michael, ¿y tú?
La niña mantuvo algo de desconfianza, pero sin pensarlo, respondió.
-Cloe.
- ¿Lo ves? Ya nos conocemos.
Allá en el fondo, se escuchaba chirriar la ruleta que acababa de empezar a girar por el soplo del viento.
-¿A qué quieres jugar?- preguntó la niña.
- A papás y a mamás.
Cloe quedó dubitativa por unos segundos, y preguntó:
-¿Tendremos que hacer cosas de papás?
El rió ante su inocencia.
-Claro, ¿qué sino? Tú harás la compra, limpiarás la casa, cuidarás al bebé… y mientras, yo trabajaré en la oficina, llevaré mi maletín y cuando llegue a casa estaré esperando un beso tuyo. Además llegaré con hambre, y te pediré la cena.
-¡Me gusta cocinar! Siempre ayudo a mamá cuando lo necesita.
- ¡Bien! Pues tú me harás la cena, y cuando estemos llenos y sea la hora de ir a la cama, dormiremos juntos. ¿Vale?
Cloe se bajó del columpio con un salto con intenciones de ir a jugar.
-Jugaremos mejor en el bosque- le dijo Michael mientras le agarraba de la mano y la internaba en él.
En el bosque hacía algo de frío, y el húmedo sotobosque de las lluvias matinales mojó un poco los zapatitos de la niña.
-Yo como soy el papá, te iré a comprar braguitas nuevas….
-No necesito.
-Sí que necesitas. Te las compraré de ositos… ¿Qué te parece?
Cloe no respondió.
-Para eso- prosiguió él- debes quitarte las tuyas para que te puedas poner las nuevas, que las tengo aquí.- y extrajo de uno de los bolsillos de su chaqueta una diminuta prenda interior, propia de una niña de seis años.
-¿Me las tengo que quitar?
-Sí, si no, ¿cómo quieres probártelas?
Rápidamente, comenzó a desnudarla.
-No… no me gusta este juego.
Pero él no paró. La pequeña comenzó a llorar con algo de miedo. Tras unos segundos, quedó vulnerable, desnuda e indefensa ante él, sollozando, pidiendo clemencia con tan sólo su mirada; pero él, perverso y obsceno, fiel a su inexplicable hedonismo infantil, tan sólo pensaba en los pequeños senos de la niña todavía no desarrollados.
- Venga, si es divertido…
Su voz ya entonaba perversión y excitación. Seguidamente, se desabrochó el pantalón y se desnudó él también de cintura para abajo. Tras aquello, el abismo y el dolor se apoderó de la pequeña Cloe, la injuria del hombre sería ya el último paso hacia el fin de su corta vida.
Laura Martínez.

Foto de Cristina Ruiz

2 comentarios:

Hija-ilustre dijo...

bien hilada

a pesar de saber que era lo que pasaba, perfectamente podría haber sido una linda historia, esta clase de tipos pueden ser bien encantadores, si lo viera por primera vez, si hubiera sido ella quizás tb hubiese caído en el juego del papá y la mamá. es un buen juego,siempre les resulta bien.

Intoxicada.* dijo...

La inmundicie de la barbarie humana..
Buen escrito.

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