Grupo Asobe: Sueño de retorno

martes, 23 de febrero de 2010

Sueño de retorno




“Al mar eché un poema que llevó con él mis preguntas y mi voz.
Le pedí que no diera la vuelta sin haber visto el altamar y en sueños hablar conmigo de lo que vio.
Viajar la vida entera por la calma azul o en tormentas zozobrar, 
poco importa el modo si algún puerto espera.
Aguardé tanto tiempo el mensaje que olvidé volver al mar y así yo perdí aquel poema.
Grité a los cielos todo mi rencor. 
El mar golpeó en mis venas y libró mi corazón”.

Dream Of The Return
Pedro Aznar.




Para Valen:


Si hoy cierro mis ojos, no puedo reconstruir su mirada, ni disfrutar la sonrisa que me regalaba entre juegos. Son sus pensamientos, esas emociones que me mantienen unida a su recuerdo. Un día echó al mar un poema que atravesó mares de calmas y tormentas, gritos y desesperanzas, viajó una vida entera hasta que al fin lo encontré.

El pincel agita el aire, dejando huellas de color sobre un vacío que grita atención. Óxidos, ocres, verdes y mostazas se funden y de ellos, unos ojos se dibujan entre los trazos. Ojos de una valentía opacada, de mujer triste.
La mano que pinta a su dueña, pertenece a Valentina Ibaceta. Protagonista de un drama amoroso, testigo de vidas que pasan, ansiosa de que la suya de señales de existencia de una vez por todas. 

Tiempos difíciles precedían, sus juegos infantiles de niña-adulta disminuían en cantidad y satisfacción. La inspiración tardaba en llegar y los interesados se desencantaban rápido. Las líneas trazadas fueron diluidas con trabajos complementarios y giros sin sentido, llevándola sorpresivamente a entrar en un mundo de amor, ilusión y encantamiento. Los lienzos y pinceles permanecieron empolvados en el estudio por largos meses, reemplazados por tablas de costos y boletas rendidas, para lograr ser parte del mundo que ahora compartía con otro. Una seguridad exquisita inundaba su forma, su esencia floreció nostálgica, agradecida y finalmente feliz. Lento, se forma entre la greda, se percibe un desgaste, una grieta que consigo trae el derrumbe, y la soledad absoluta. 

La admiraron por su fuerza y optimismo, aunque sus caretas no la convencían a si misma ya que de verdad a Valentina, de valiente no le quedó nada. Se dejó absorber por sus ilusiones rotas. Sus ojos no derramaron lágrimas, se transformaron en estropajos que mancharon lienzos y cerámicas en soledad. Pero de esos tonos grisáceos, nace un nuevo dibujo pintado con óleos brillantes. Una manchita roja al centro del hoyo negro, crece y crece. Una mano, un pie, una oreja se dibujan en su vientre. Son bosquejos y nada más. Un pequeño tiempo de alegría y nueva vida la inundan, y es que ahora el motivo es otro. Dos corazones laten al unísono, sonriendo juntos, compartiendo sus gestos, sus afectos. No importaba el origen de aquel regalo, sólo su existencia. 

La vida de artista siempre ha estado rodeada de desgracia. 
Aquella noche soñó que se conocían. El hijo nadaba en su vientre hacia su puerto. Un abrazo los unía, su manito aprisionaba su dedo. Una brisa helada bajó desde su nuca, atravesando su espalda, acariciándola con muerte, materializándose como un gran mordisco en su vientre. Mi tía Valen despertó bañada en sangre, ahogada en grito. 

Se perdieron las esperanzas, otra vez. Los porqués gritaban por respuestas, las que, temerosas se dignaron a aparecer, “aborto natural”, le dijeron, ya no hay nada más que hacer. La tormenta se intensifica, llueve cada vez más fuerte. 

La mente flagelada se atragantó entre sufrimientos que fueron martirizando lentamente su cuerpo. Nuevas enfermedades la absorbieron ganándole a las ganas y a los sueños no cumplidos. El cuerpo se paraliza, se desintegra y lentamente, la vida se esfuma.

Valentina del Pilar, así la llamaron mis abuelos. Como la valentía de un pilar, su nombre no podía ser más firme, como si ellos hubieran presagiado que la fuerza de su espíritu tendría que soportar continuas tempestades.

Si hoy cierro los ojos, no puedo reconstruir su mirada, ni disfrutar la sonrisa que me regalaba entre juegos. Quiero atesorar los mejores momentos de su vida, esas felicidades que no dan dramas, ni temas de los que hablar. Quiero recordarla como aquella persona que me mostró como transformar mis sentimientos en arte y expresarlos en lienzos suplicantes de atención. 

Quiero recordarla como la mujer que me enseño a ser, hasta llegar al día en el que ella mire de retorno hacia este mundo y se refleje en mí. Y yo estaré cumpliendo esos sueños rotos que dejó, por las dos. 


Daniela Ibaceta F.

3 comentarios:

Moises.G dijo...

Buah.. Eres genial, grandioso texto, me suena a escritora grande... No me atrevo a decir nombres pero en serio... Eres una autentica ESCRITORA, con todas las letras. Mi más sincera enhorabuena :)

Njosnavelin dijo...

Moises! por tus palabras... muchas gracias :)

Matías Irarrázabal dijo...

Muy lindo escrito

y desde ya bienvenida a esta comunidad Daniela

muchos saludos

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